¿Acabará la IA con los abogados junior?
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Casi tres años después de que GPT-4 aprobara con comodidad el examen de acceso a la abogacía estadounidense, la pregunta sigue en el aire: ¿está la inteligencia artificial a punto de devorar a los abogados junior?
Según un análisis reciente del Financial Times, los datos sugieren una paradoja muy curiosa. Si la demanda de estos profesionales estuviera en caída libre, por lógica sus salarios deberían caer. Sin embargo, ocurre lo contrario: en el Reino Unido, Eversheds Sutherland ofrece 110.000 libras anuales a recién cualificados, Pinsent Masons ha subido a 105.000, Ashurst llega a 140.000 y las firmas estadounidenses elevan todavía más la apuesta.
Los economistas lo tienen claro: cuando el precio de algo sube, es porque la demanda no está bajando.
En marzo de 2023, Goldman Sachs y otras entidades financieras proyectaron que hasta el 44% de las tareas legales podrían ser automatizadas por la IA. Era una estimación que parecía condenar al abogado junior a la extinción. Pero los datos de Lightcast y Glassdoor (portales laborales) muestran que tanto las ofertas de empleo como los salarios para abogados junior han resistido considerablemente mejor que en el resto de la economía.
¿Qué está pasando? La respuesta corta sería que hasta la fecha la IA no está eliminando puestos de trabajo para jóvenes abogados, sino reconfigurándolos. Al menos en cuanto a los grandes despachos, que no están dando por hecho que gracias a la IA ahora solo necesitan la mitad de la plantilla. Pero sí parece que están redefiniendo el trabajo que realizan.
Pero la cuestión de fondo es compleja.
Históricamente, el abogado junior no ha sido un perfil muy eficiente pero sí esencial. Su valor reside normalmente en procesar volumen, leer miles de páginas, redactar borradores imperfectos, realizar investigaciones exhaustivas y facturar cada hora. Es el famoso "trabajo sucio” que, además de generar ingresos, sirve como campo de entrenamiento.
A priori la IA generativa ataca directamente este modelo. Herramientas como Harvey o CoCounsel pueden procesar en minutos lo que a un humano le costaba días. Un estudio del Harvard Law School Center on the Legal Profession documentó pilotos donde redactar ciertas respuestas legales pasó de tomar 16 horas a solo 3-4 minutos usando IA. Por su parte, el informe Future of Professionals 2025 de Thomson Reuters estima que la IA liberará aproximadamente 240 horas por abogado al año (eran 200 en 2024).
¿Pero qué ocurrirá con esas 240 horas? ¿Jornadas más cortas? Desde 2024 está bajando el número de abogados junior que quiere o espera trabajar más de 40 horas a la semana. Por ahora los datos anecdóticos indican que esas 240 horas ahorradas se utilizan para trabajar, pero en cuestiones de mayor valor. Por tanto, la automatización de la revisión documental quizá no signifique que el junior pueda irse a casa antes, sino que interactúe más con clientes o aborde problemas jurídicos más complejos.
Sea como sea, esto plantea un dilema formativo preocupante. Tradicionalmente, los abogados aprendían el oficio a través de lo que podríamos llamar "ósmosis": al revisar miles de contratos “aburridos”, internalizaban la estructura del lenguaje legal, las variaciones de las cláusulas, los riesgos comerciales estándar. Pero como advierten expertos de Harvard y socios de grandes firmas, si la IA realiza el trabajo sucio, los juniors pierden la fricción cognitiva necesaria para el aprendizaje profundo (hasta Kim Kardashian dice que aprendió Derecho mayormente a partir de la práctica). ¿Cómo puede un abogado saber si un contrato generado por IA es "bueno" si nunca ha tenido que redactar uno desde cero y sufrir las correcciones de un socio?
En ese sentido, Accenture anunció en septiembre de 2025 la salida de todos los profesionales que no puedan adaptarse para la era de la IA 😅
A ello se suma otro reto interesante, como confesaba un abogado senior de forma anónima hace unos meses: la IA no es perfecta, pero es mucho más rápida que un junior. Los resultados de la IA deben ser corregidos y revisados pero es mucho más agradable corregir a una IA que lidiar con la carga emocional y cognitiva de corregir a un junior. Por tanto, para ese abogado, una IA que es mucho más rápida que un junior y casi tan buena como uno, es preferible al junior simplemente por evitar la parte emocional de la relación.
No minusvaloremos el impacto de ese tipo de cuestiones al hablar de IA y abogados, ya que quizá no todo va a ser acertar la sentencia exacta.
En cualquier caso, los clientes corporativos no están esperando pacientemente a que los despachos se adapten. Según la Association of Corporate Counsel (ACC), el 81% de los directores legales dicen que la IA acelera el trabajo legal y ayuda a demostrar valor (aunque todavía faltan métricas para demostrarlo). Además, el 67% de los abogados corporativos esperan que sus bufetes utilicen tecnología de vanguardia, y un número creciente exige transparencia sobre quién (o qué) realiza el trabajo.
Existe en verdad un potencial desincentivo estructural para que los despachos adopten la IA con entusiasmo: todavía facturan por horas. Si una tarea que antes llevaba ocho horas ahora lleva treinta minutos, la matemática no favorece al despacho. Ya en 2024, el Future Ready Lawyer Survey Report indicaba que hasta un 20% de los departamentos esperaba un impacto “significativo” en la prevalencia de la facturación por horas, sugiriendo como alternativas otras formas de facturación, la externalización o la reducción de costos a partir de perfiles jurídicos cuyas tareas son más repetitivas, como los juniors 👀
Lo más curioso de todo es que mientras el debate continúa y en general se pronostica la “desaparición” del perfil, los números de empleo cuentan su propia historia. Según la National Association for Law Placement (NALP), la clase de 2024 en Estados Unidos alcanzó una tasa de empleo récord del 93,4%. En Australia, el mercado de contratación de graduados creció un 6% en 2025, desafiando las expectativas negativas. De hecho, las firmas australianas parecen estar incluso logrando reinvertir las ganancias de eficiencia en expansión de mercado, manteniendo una demanda saludable de talento junior.
En conclusión, con los datos en la mano a día de hoy, la IA no está eliminando a los abogados junior. Parece que el impacto de la IA está todavía siendo moldeado tanto por las capacidades innatas (buenas y malas) de la tecnología como por las culturas profesionales existentes.
Ahora bien, que existen serios nubarrones en el horizonte también parece obvio: la valía y velocidad del resultado generado por la IA, el posible ahorro de costos para hacer frente a cambios sustanciales en la forma de facturación de las grandes firmas, el efecto en la carga cognitiva y emocional en la relación senior - junior o la formación y transformación de las habilidades adquiridas durante la carrera y su adecuación al mercado real.
En ese proceso de adaptación, y como señalan Cohen y Peters en su análisis para UBC Law Review, los juniors que dominen la colaboración hombre-máquina, que desarrollen criterio para validar y corregir los resultados de la IA, y que aporten el juicio humano, la empatía con el cliente y la capacidad de orquestar sistemas automatizados, no solo sobrevivirán, sino que probablemente serán los arquitectos de la nueva era legal.
Supongo que en esta cuestión, como en tantas otras, no nos quedará otra que volver a una de mis leyes preferidas, la de Amara: “Nuestra tendencia es sobrestimar los efectos de una tecnología en el corto plazo y subestimar el efecto en el largo plazo”.
Esperemos no errar en las diferentes estimaciones en cada fase.
Jorge Morell Ramos
Dicho esto, ahí va la actualidad del 15 al 21 de diciembre de 2025 en IA y Derecho (publicaré todas las semanas pendientes, las tengo recopiladas).
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